6.1.15

PREDICCIONES ARQUITECTÓNICAS (II)

Entre los años 1955 y 1956, ya fuera del contexto de estas Exposiciones Universales aunque con un mismo carácter expositivo, tres prototipos de vivienda se disputan la denominación de “Casa del Futuro”, no sólo desde los medios masivos que suponen las revistas populares norteamericanas de la época en las que se fraguan gran parte de los estereotipos denominados “de futuro” como “Popular Science”, “Popular Mechanics” o “Mechanix Illustrated”[1], o los periódicos nacionales de carácter sensacionalista, sino también desde el ámbito de difusión arquitectónica[2]. Estos tres prototipos de viviendas del futuro fueron la “House of the Future” (1956) de los británicos Alison y Peter Smithson para la “London Mail Ideal Home Exhibition” (1956), “Monsanto House” (1955-1957) de los norteamericanos Richard W. Hamilton y Marvin E. Goody para el parque temático “Tomorrowland” de Walt Disney, y La Maison Plastique (1956) de Ionel Schein, arquitecto de origen rumano afincado en Francia, para la muestra “Arts Ménagers” (1956) de París.


A pesar de presentar tipos arquitectónicos muy diversos, una reinterpretación de la casa-patio en el caso de la vivienda de los Smithson, un esquema orgánico-evolutivo en la de Schein y una propuesta de núcleo central derivada de la Wichita House de Fuller para la Monsanto House, los tres prototipos responden a un mismo carácter de “vivienda de exposición” y a dos paradigmas comerciales encubiertos a través de esa etiqueta “Futuro”. Por un lado, un material en creciente desarrollo en ese momento como es el plástico, y un sistema de industrialización para la construcción en masa ante la creciente demanda de viviendas en sus países de origen, Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia después de la II Guerra Mundial, que no casualmente son también los productores de mayor número de proyectos de futuro hasta finales de los años 50. La etiqueta “Casa del Futuro” o “Ciudad del Futuro” abandona con estos tres prototipos de vivienda el ámbito exclusivamente popular de Exposiciones Universales y medios masivos, para alcanzar también el ámbito exclusivamente intelectual de las revistas especializadas y del pensamiento arquitectónico.


A partir de este momento, el apelativo “Futuro” no aparece solamente vinculado a objetos arquitectónicos de exposición y en general asociados a empresas patrocinadoras sino que empieza a ser utilizado en numerosas ocasiones como etiqueta identificativa de proyectos diversos con el fin de cualificar de esta manera sistemas constructivos, mobiliario doméstico[3], materiales, posturas urbanas, nuevos instrumentos de experimentación arquitectónica e incluso textos y libros de arquitectura, que aparecen enunciados como predicciones de posibles futuros.


Uno de los primeros libros que empiezan a plantearse el futuro, ya no de las ciudades, sino de la propia arquitectura, es “The Future of Architecture” (1953) de Frank Lloyd Wright, que ya no busca una vivienda o ciudad del futuro concretas aunque publicite proyectos de comunidades futuras como “Broadacre City”, sino de una nueva manera “orgánica” de hacer arquitectura, cercana a la naturaleza y dónde forma y función son una misma cosa. De carácter panfletario, el texto de Wright, no intenta  mostrar un panorama abierto de posibles futuros, posicionamiento que determinaremos más tarde como predicciones, sino que plantea incluso un futura debacle mundial si la arquitectura que él denomina como orgánica no prevaleciera sobre la Tierra, en este caso, el mundo presentado de una manera narcisista como los Estados Unidos de América:


“Si la arquitectura orgánica (intrínseca) no se salva, los habitantes de los Estados Unidos no viviremos nunca como una verdadera cultura”[4] (F.LL. Wright, 1953, p.276)







[1] Monsanto House:

BEHRENDT, Ernst. Plastic house of the future may come in mass produced, no up-keep parts that you arrange to suit the whole family. En: Popular Science, Apr 1956. pp. 144-147.

La Maison plastique:

HAYES, Leon y Lester. The latest from Paris, an all-plastic house. En: Popular Mechanics, Aug 1956. pp. 88-90.

The House of the Future:

This is a house?. En: Mechanix Illustrated, sep 1956. pp.61-63.

[2] Monsanto House:

Plastic 'House of Tomorrow' built by Monsanto Chemical Company at Anaheim, California. En: Architect & Building News, 1957 Oct. 9. pp. 478-485.

La Maison plastique:

Maison prefabriquee en matiere plastique. En: AA L'Architecture d'Aujourd'hui, nº 58, février 1955.  p. XXIII.

The House of the Future:

House of the Future at the Ideal Homes Exhibition. En: AD The Architectural Design, Vol. 26, march 1956. pp. 101-102.

[3] Por ejemplo la cocina del futuro de la General Motors y Frigidaire, 1956 Motorama Kitchen of Tomorrow. Ver:
SCOTT HOLLIDAY, Laura. Kitchen Technologies. En: Promises and Alibis, 1944-1966 Camera Obscura (2001) 16(2 47). pp. 79-131.

[4] WRIGHT, Frank Lloyd. El Futuro de la Arquitectura. Editorial Poseidón. Barcelona, 1978. p.276.

5.1.15

PREDICCIONES ARQUITECTÓNICAS (I)

La aparición de la etiqueta “Futuro” en la difusión  arquitectónica.


A partir de 1851, coincidiendo con la  “Great Exhibition of the Works of Industry of all Nations” de Londres[1], las exposiciones nacionales se internacionalizan, adquiriendo un carácter global y convirtiéndose de esta manera en exhibiciones del poder industrial, comercial y creativo de los países participantes, en instrumento de proyección política y de imagen del país organizador así como en facilitadoras de iconos urbanos, como la "Torre Eiffel" o de extraordinarios hallazgos como el del “Crystal Palace” (1851) de Paxton. Es  interesante comprobar la hibridación que se genera en estas exposiciones entre la incorporación de nuevos productos como la luz eléctrica, la industrialización o los nuevos sistemas de comunicación y los elementos históricos de las culturas locales que presuponen la dicotomía contemporánea entre local y global, y de la que por supuesto estas exposiciones no son un gran ejemplo al “revisitar” las tradiciones locales la mayor parte de las veces a través del pastiche y el cartón piedra. Esta dicotomía vendrá siempre asociada a la idea de progreso, construyendo así paisajes divergentes que van desde el suntuoso “Palais du Electricite” de Edmond Coignet en la Exposición Universal de París (1900) como gran pastel de bodas conmemorativo de esa nueva “Electricidad” hasta las réplica “Cliff Dwellings” de la Exposición de St.Louis (1904), reconstrucción de las viviendas excavadas por los indios norteamericanos en los cañones del Mid-West, exterminados y convertidos en icono al mismo tiempo. Esta idea de progreso germinal, llega a su culmen en 1933 con la Exposición de Chicago “A Century of Progress Exposition”, y con ella, una serie de experimentos en torno a lo que debería ser la “Arquitectura del Futuro”, derivados de la tensiones sociales de la época generadas por el ascenso de regímenes totalitarios en países de la vieja Europa.

“En la década de 1930, Estados Unidos había abandonado el clasicismo, ahora asociado con el fascismo en lugar de la democracia, en favor de una racionalización    y modernidad para una nueva cultura de masas,  que implicaba un progreso en el          mundo libre. La arquitectura futurista fue el sello distintivo la ‘A Century of Progress,     International Exposition’  celebrada en Chicago en 1933”[2] (Jackson, 2008, p.59)


En esa Exposición de 1933, aparece la “House of Tomorrow” de George Fred Keck, visitada por más de 750,000 personas durante la feria y popularizada en medios de comunicación como la “America’s First Glass House” al considerarla como la primera “Casa del Futuro” con relevancia internacional, a pesar de haber sido denominada como “Casa del Mañana” y todavía no explícitamente “del Futuro”. Keck propone de esta manera una cubierta plana, diseño modular, industrialización, sistemas pasivos de climatización y mucha iluminación. Una industrialización y luminosidad auspiciadas por las industrias del aluminio y el vidrio, como alternativas de un futuro de la vivienda muy rentables. De esta manera, las etiquetas “progreso” y “mañana” anticipan la palabra “Futuro”, que se convierte en gran protagonista de la “New York World’s Fair” de 1939 en Nueva York, cuyo tema principal es “Building the World of Tomorrow” ("Construyendo el Mundo del Mañana"), y en la que varias propuestas se disputan el sobrenombre esta vez de “Ciudad del Futuro”, “Democracity” de Henry Dreyfuss y “Futurama” de Norman Bel Geddes y Albert Kahn, para la General Motors. Ambas fueron la segunda y primera exposición más visitadas de la feria, las cuales presentaban un futuro urbano dominado por el automóvil en las que, además de la General Motors, otras marcas de automóviles o de componentes para ellos, como Chrysler, Ford o Firestone tenían pabellones propios en la feria dentro de la denominada “Transportation Zone”. Desde entonces las viviendas y ciudades del futuro se suceden en las posteriores Exposiciones Universales, incluso a partir de ejemplos construidos y realmente habitados como el icónico Habitat de Montreal’67 diseñado por Moshe Safdie.










[1] Ver: FINDLING, J.E; PELLE,K.D. Historical Dictionary of World’s fairs and Expositions 1851-1988. Greenwood Press, Nueva York, 1990.

[2] “By the 1930s the United States had abandoned classicism, now associated with fascism rather than democracy, in favour of a streamlined, mass-appeal modernism that implied progress in the free world. Futuristic architecture was the hallmark of the A Century of Progress, International Exposition held in Chicago in 1933”

JACKSON, Anna. Expo. International Expositions 1851-2010. V&A Publishing. Londres, 2008. p.59.

23.12.14

SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (IX)

La futurología como ciencia.


A pesar de la creación de foros de conjeturas organizados a principios de siglo por el Gobierno Británico como consecuencia del agotamiento de los recursos del carbón o la aparición en 1937 del Comité de Recursos Naturales de los EEUU, no es hasta después de la II Guerra Mundial que la predicción del futuro se convierte en una actividad científica legítima. A partir de estas fechas, científicos como Charles Darwin con “The Next Million Years” (1952), George Thomson con “The Foreseeable Future” (1955)  o Dennis Gabor con “Inventing the Future” (1963) impulsaron la generación de nuevos métodos científicos para la predicción del futuro, creándose en paralelo todo tipo de grupos de investigación como la "Asociación Americana para el Progreso de la Ciencia" (1955). Todo ese furor por investigar el futuro terminó desembocando en cientos de estudios, comisiones y congresos, destinados a evaluar el impacto humano sobre el futuro, desde el inventario de Buckminster Fuller de los Recursos Mundiales a la "Comisión sobre el año 2000" capitaneada por Daniel Bell, apareciendo así nuevas ciencias como la “Futurología” o la “Prospectiva”, aceptadas por EEUU y Francia respectivamente como países pioneros[1], términos como “Futuribles”[2], “Invariantes”[3] o “Corrientes”[4]  y cada vez más relatos sobre posibles descubrimientos tecnológicos como sucede en “Profiles of the Future” (1962) de A. C. Clarke.


De esta manera no sólo siguen popularizándose los magazines temáticos sobre ciencia ficción y progreso, sino que el debate llega también a publicaciones científicas como “New Scientist”[5], que en 1964 realiza un sondeo entre 100 prestigiosos científicos acerca de sus predicciones futuras, magacines generalistas como el “Weekend Telegraph” que en su número del 3 de marzo de 1967, se pregunta qué pasará en 1990, e incluso “The New York Times” que en el ejemplar del 9 de abril de 1967 divaga sobre los métodos, consecuencias y visiones del futuro. La popularidad alcanzada por esta vorágine prospectiva es tal, que incluso uno de los centros de ocio de masas gestionados por Walt Disney es denominado “EPCOT” o "Comunidad Prototípica Experimental del Mañana", y que tiene no sólo como temática el “Futuro” sino una pretensión de convertirse en banco de pruebas y estudios sobre el mismo:


“…nunca estará completa, nunca dejará de ser un esbozo del futuro y siempre se introducirán nuevos materiales, nuevos sistemas y nuevas ideas.”[6] (Walt Disney, 1967)



Contexto para una arqueología del futuro arquitectónica.


Es en este contexto, de popularización del futuro por un lado y de institucionalización de la futurología como ciencia por otro, en el que se desarrolla esta “Arqueología del Futuro”. El prestigio adquirido por el apelativo “futuro” y cualquiera de las manifestaciones asociadas al mismo hará que se disparen las propuestas arquitectónicas asociadas al mismo, ya sea desde el contexto de las Exposiciones Universales, las viviendas de exposición o la aparición de nuevos objetos de mobiliario o materiales, a partir de finales de los años treinta.


Sin embargo, será desde finales de los años cincuenta hasta principios de los setenta, cuando la palabra “futuro” aparece vinculada de manera sistemática tanto a proyectos arquitectónicos como publicaciones, convirtiéndose en cómplice protagonista de una serie de propuestas que no sólo reivindican una ruptura manifiesta con su pasado o una insatisfacción con su presente, sino que vislumbran nuevos caminos de desarrollo de la propia disciplina arquitectónica. De esta manera aparece una nueva dialéctica contradictoria en torno a la interacción entre las imágenes arquitectónicas del pasado, presente y futuro, objeto de esta investigación:


“Las imágenes positivas del futuro, concebidas en cada época presente, son co-determinantes para el futuro de esa época. Recíprocamente, el futuro proyectado ejerce ya su influencia sobre el presente a través de dichas imágenes, y por una interacción continua, también afecta la construcción de imágenes revisadas del futuro.”[7] (F.L. Polak, 1961, pp.114-115)







[1] GRAS, Alain. Futurología. Martínez Roca. Barcelona, 1978. Ed. original: Clefs pour la futurologie. Editions Seghers. París, 1976.

[2] Concepto tomado del teólogo español Molina y enunciado en: DE JOUVENEL, Bertrand: The Art  of Conjecture. Basic Books. Londres, 1967

[3] Invariantes o tendencias lentas dentro de un entorno de cambio.

[4] "Corrientes" o “Trends” seguidas por una tecnología determinada. Ver: BECKWITH, B. The Next 500 Years. Scientific predictions of major social trends. Exposition Press. Nueva York, 1968.

[5] Publicado como: CALDER, Nigel (editor).  The World in 1984. 2 vols, 1965.

[6] Palabras pronunciadas por Walt Disney para el artículo: LEWIN, David. Disney’s Last and Greatest Dreams is Coming True. En: Daily Mail, 14 de febrero de 1967.

[7] POLAK, Frederik Lodewijk. The Image of the Future. Elsevier Sdentific Publishing Company. Amsterdam / Londres / Nueva York, 1973. pp.114-115.

19.12.14

SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (VIII)

La popularización del futuro.

 A pesar de esa lucha entre detractores y propulsores del progreso maquinista, la idea de progreso tecnológico difundida a través de descubrimientos como la dinamo, generan nuevos manifiestos maquinistas como “Le Futurisme” (1912) de Marinetti así como el apoyo a nuevas figuras de poder denominadas bajo el término “Tecnocracia”. Uno de esos adeptos tecnócratas, Hugo Gernsback, se convierte en uno de los principales  propulsores de la difusión de estas historias fantásticas asociadas a la tecnología y el progreso a través de los magazines populares estadounidenses, publicando revistas como “Science wonder Stories”[1] (de 1929 a 1955), a las que pronto se sumaron “Futuria Fantasia”[2] de Ray Bradbury, “Utopia News”, “Astounding Stories” (1930) o “Amazing Stories[3], con un amplio intercambio entre editores y lectores a través de secciones abiertas al público, así como mediante la creación de asociaciones como la “Sociedad Utópica” o la “Liga de la Ciencia Ficciónfundada en 1934 por el mismo Gernsback, que tuvieron bastante éxito también en Inglaterra antes de la II Guerra Mundial[4]. Resulta interesante la aparición en este período de nuevos términos tan vinculados a la ciencia ficción como la palabra “Robot”[5], derivada de la fantasía “R.U.R. Rossum’s Universal Robots” (1921) escrita por Karel Capek.








[1] Dónde se emplea por primera vez el término Ciencia Ficción.

[2] Ver: MOSKOWITZ, Sam. Explorers of the Infinite. Shapers of Science Fiction.  World Publishing Company. Nueva York, 1963.

[3] Tendencia que se acrecentó después de la II Guerra Mundial con la aparición de “Fantasy and Science Fiction” (1949), “Worlds of IF” (1950), “Galaxy Science Fiction”, que publicaron grandes obras maestras de la Ciencia Ficción como “Farenheit 451” de Ray Bradbury, “The Demolised Man” de Alfred Bester o “The Martian Shop” de Howard Fast.

[4] Dónde el pionero fue Walter H. Gillins con sus “Tales of Wonder” (1937).

[5] Derivado del  término checo “Robota”.

18.12.14

SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (VII)

La aparición de la tecno-fobia.

Como réplica directa a la aparición de mecanicistas proféticos como Wells, aparecen una serie de visiones tecnófobas de corte medievalista. “Napoleon of Notting Hill” (1904) de G. K. Chesterton, que reivindica para un futuro datado en 1984 una vuelta a los antiguos derechos, hábitos y ceremonias en los barrios de Londres, de los que habían sido despojados por el incipiente progreso, o más tarde “The Machine Stops” (1947) de E. M. Forster, que dibuja una de las visiones más paradigmáticas de ciudad del futuro, poblada  por humanos hacinados en pequeñas habitaciones y miles de botones con los que poder obtener comida, música e incluso comunicarse a distancia, en un mundo deshumanizado donde el hombre queda a voluntad de la máquina:

“Creamos la máquina para hacer nuestra voluntad, pero ahora no podemos hacer que haga la nuestra. Nos ha privado del sentido del espacio y del tacto, ha embotado todas las relaciones humanas y ha rebajado el amor a un acto carnal, ha paralizado nuestros cuerpos y nuestras voluntades, y ahora nos obliga a adorarla.”[1] (Forster, 1947, pp.140-141)

A la par de estas visiones, arquitectos como C. R. Ashbbe o F.LL. Wright[2] se encuentran diseñando ciudades extensivas como vuelta morrisiana al pasado, ya sean “Broadacre City” o “Taliesin”[3]. Nuevas fábulas sobre la pérdida de la libertad en un mundo futuro totalmente controlado por el "Gran Hermano" como en “Brave New World” (1932) de Aldous Huxley e incluso la creación de "Consejos Antropológicos” que promulgan su “debemos desandar nuestro camino o perecer” en “Seven Days in New Crete” (1949) de Robert Graves, vaticinan un futuro vislumbrado como retorno a un estado anterior de progreso humano.









[1] FORSTER, E. M. The Machine Stops. En: Collected Short Stories. Penguin Books. Londres, 2002. pp. 140-141.

[2] WRIGHT, Frank Lloyd. El Futuro de la Arquitectura. Editorial Poseidón. Barcelona, 1978. Ed. original: The Future of Architecture. Horizon Press. Nueva York, 1953.

[3] Taliesin es el nombre de un druida de la corte del rey Arturo que cantaba las glorias de las Bellas Artes.

17.12.14

SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (VI)

El problema de los recursos. La utopía frente a la religión.

Mientras el problema malthusiano de los recursos hizo crecer las distopías alimentarias, como “Meda: A Tale of the Future” (1888) de Kenneth Folingsby, en la que el problema de la disminución de alimento dio lugar a un nuevo tipo de humanos, o “Three Hundred Years Hence” (1881) de Hay, en el que se explora de nuevo la posibilidad de ciudades submarinas como forma de paliar la falta de alimento, estudios como “The Coal Question: An Inquiry concerning the Progress of the National and Probable Exhaustion of our Coal Mines” (1865) de W.S. Jevons, alertan del derrumbamiento del actual progreso por el agotamiento de las reservas de carbón, ampliando de esta manera el espectro de recursos naturales más allá de los alimentos básicos como origen de futuras visiones negativas. De manera parecida, sectores religiosos ven atacados sus intereses ante algunos progresos médicos e intentan acallar esas amenazas con visiones de futuro en las que incluso la muerte es controlada por el hombre, desapareciendo de esta manera el amor como sucede en “Inner House” (1888) de sir Walter Besant o generándose un aburrimiento tal, que posibilitan la aparición de lugares destinados al suicidio colectivo como en “Caesar’s Column” (1890) de Ignatius Donnelly, reforzando así las manifestaciones en contra del progreso y la tecnología enmascaradas en sociedades tecnocráticas como formas deshumanizadoras:
  
“La verdad es que en esa ciudad vasta y superpoblada, el hombre es una rémora, algo superfluo, y creo que muchos hombres y mujeres se mueren del aplastante sentimiento que les produce su propia insignificancia; en otras palabras, a partir del hábito de sentir que no son nada, se convierten en nada… La raza ha crecido en poder y soledad; me temo que ha perdido su atractivo.”[1] (Donnelly, 1890)


El tiempo no lineal.

Cabe destacar que  la aparición por esta época del concepto de tiempo no lineal, contribuye a la creación de teorías como la de F. W. H. Myers (1882) sobre la coexistencia de pasado, presente y futuro, o la de Bertrand Rusell en torno al “Complejo de compresencia” o momento en el que se aprehenden juntos pasado, presente y futuro. Dichas teorías son reinterpretadas en varios textos. De manera tecnológica, a partir de la construcción de un objeto que permitía viajes temporales como en La Máquina del Tiempo” (1895) de H. G. Wells o la victoria de la ciencia sobre la magia en el viaje de un yanqui inventor desde la Norteamérica de 1879 a la Gran Bretaña del 528 en “A Conneticut Yankee At King Arthur’s Court” (1889) de Mark Twain.


















[1] DONNELLY, Ignatius. Caesar's Column. F.J. Schulte & Co. Chicago, c1890.

16.12.14

SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (V)

El origen de las distopías

La aparición de un futuro temporal empieza a consolidar las ideas de “conservación” o “preservación”, como ocurre con los recursos terrestres como factor importante para el desarrollo del ser humano. Ante tales suposiciones empiezan a generarse posturas divergentes, tanto positivas, como la de una capital tecnificada de los Estados Unidos del Mundo o “Centrópolis”, dirigida mediante energía solar y geotérmica, narrada por Julio Verne en su publicación póstuma “Ayer y Mañana” (1910); como negativas, asociadas en primera estancia a la falta de alimento derivada de una excesiva demografía. La primera de estas utopías negativas es esbozada en 1761 por el ministro de la iglesia de North Street de Edimburgo, Robert Wallace[1] y postulada definitivamente por Malthus en su “Ensayo sobre los principios de la población” (1798) en el que predice un futuro desastroso en el que el hombre se multiplica en proporción geométrica mientras el alimento lo hace de manera aritmética. Sin embargo, la publicación de la teoría evolucionista de selección natural en 1859 en “El Origen de las Especies” de Charles Darwin, a partir de las teorías de Malthus, impone una nueva doble perspectiva de aparición de distopías, o utopías negativas, frente a todo tipo de historias de humanos mejorados genéticamente. Resurge el eterno debate entre detractores e impulsores de la tecnología en pleno auge de la revolución industrial.

Así es cómo aparecen algunas manifestaciones tecnófobas del futuro basadas en un retorno medieval a comunidades de baja densidad gestionadas mediante talleres de artesanos como la imaginada por William Morris en “Nowhere”[2] (1891), germen activo de la ciudad jardín[3] o “Erewhon” (1872) de Samuel Butler, en la que su protagonista, Higgs, visita un país que ha abandonado el industrialismo por el temor a una rápida evolución desarrollada por las máquinas que haga peligrar la supremacía humana:

“…fragmentos de un gran número de nuestros inventos más avanzados; pero todos ellos parecían tener siglos, y por ser colocados donde estaban, no para instrucción, sino para curiosidad…, todos estaban estropeados y rotos.”[4] (Butler, 1872)







[1] WALLACE, Robert. Various Prospects of Mankind, Nature and Providence. Edimburgo, 1761.

[2] MORRIS, William. News from Nowhere or an epoch of rest, being some chapters from a Utopian Romance. 1891.

[3] HOWARD, Ebenezer. Garden Cities of Tomorrow. Oxford, 1965.

[4] BUTLER, Samuel. Erewhon, o tras las montañas. Cátedra. Madrid, 2000. Traducción: Joaquín Martínez Lorente. Ed. original: Erewhon, or Over the Range. 1872.  

15.12.14

SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (IV)

El viaje en el tiempo, la obsesión por el año 2000. Hacia una nueva sociedad.

 Otro de los hitos en las visiones de futuro se relaciona con el cambio del viaje producido en términos espaciales a lugares fantásticos, por viajes temporales a lugares ya conocidos, convirtiéndose así ese salto temporal en el generador de dicho enclave utópico, como es el reflejo de la ciudad de París del año 2440 radiografiado por Louis Sébastien Mercier en “L’An 2440” (1770) o el inicio de una de las  obsesiones futuristas sobre el año 2000 con la novela “L’An Deux Mille” (1790) de Restif de la Bretonne, en las que el autor predice cambios sociales como la igualdad de la mujer. De esta manera el año 2000 se convierte en la fecha más relevante en la mayor parte de estudios futurológicos a partir de la primera mitad del siglo XX y en parte del título de una de las predicciones arquitectónicas más importantes que más tarde estudiaremos, como es la enunciada por Charles Jencks “Architecture 2000”:

“Aunque no se anticipe el fin del mundo ni el Apocalipsis que fue pronosticado para el año 1000, ni el derrumbamiento del edificio de la Iglesia para celebrar el hecho de que tal apocalipsis no tuvo lugar, hay todavía quién imagina que el año 2000 será algo fuera de lo corriente, sencillamente sólo por la especulación que ha engendrado. Desde, por lo menos 1790 que fue cuando se inició la cuenta atrás, ha existido siempre especulación.”[1] (Jencks, 1971, p.12)

La sucesión por lo tanto de viajes de exploración a nuevos lugares, acrecentados por la figura de Julio Verne y sus novelas “Viaje al Centro de la Tierra (1864), “De la Tierra a la Luna (1865) o “Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino” y las previsiones de cambio social en torno al segundo milenio, como ocurre en el exitoso libro “Looking Backward 2000-1887”[2] (1888) de Edward Bellamy y su tecnificado ejército industrial que garantiza la felicidad social en el Boston del año 2000, generan el contexto necesario para la aparición de la primera teoría científica del futuro, con la obra “Fragment d’histoire future” (1896) de Gabriel Tarde, al desechar la idea de búsqueda de un suceso previo para apoyar el siguiente, rechazando el concepto de evolución por el de transformación:

“No me parece ni más concebible ni menos, que el futuro, que todavía no es, haya de influir en el presente, que lo que lo haga el pasado, que ya no es.”[3] (Tarde, 1896)

Paralelamente a esas manifestaciones, aparecen cientos de prototipos de nuevas comunidades asociadas a las nuevas tipologías industriales, como “Las salinas de Chaux” (1789) de Claude Nicolas Ledoux[4], la fundación de nuevas religiones como las “Ciudades Mormonas” (desde 1830) asentadas en el estado de Utah e ideadas por su mentor Joseph Smith, nuevos modelos económicos plasmados en los asentamientos de “New Lanark” (1815) y “New Harmony” (1825) diseñados por Robert Owen o los malogrados intentos de nuevos modelos sociales como los que promulgaba el “Falansterio” (1830) de Charles Fourier[5] o el "Familisterio" (1859) de André Godin.













[1] JENCKS, Charles. Arquitectura 2000. Predicciones y métodos. Editorial Blume. Barcelona, 1975. Ed. original: Architecture 2000. Studio Vista. Londres, 1971. p.12.

[2] “Looking Backward” fue imitada, refutada, continuada y denostada en más de sesenta libros posteriores, adoptada por una secta religiosa (los teosofistas), manifiesto de un partido político y germen que popularizó las visiones del futuro como práctica literaria habitual.
[3] DE TARDE, Gabriel. Fragmentos de Historia Futura. Abraxas. Barcelona, 2001. Traducción: Miguel Giménez Sales.

[4] Ver: CHRIST, Yvan. Utopies et divagations de Claude Nicolas Ledoux. París, 1961.

[5] En: CHOAY, Françoise. L’urbanisme, utopies et réalites. Editions du Seuil. París, 1961.
Pueden verse los distintos intentos fallidos de crear comunidades basadas en el Falansterio como aquella fundada en Condé-sur-Vesgre en 1833 por uno de sus discípulos, Mr.Baudet Dulary, y la cual Fourier considera una caricatura de sus ideas.

13.12.14

JAVIER SENOSIAIN Perversiones Naturales

Como estamos ya cercanos al nuevo año... acabo de encontrar mi propósito de año nuevo... en 2015 viajaré de nuevo a mi querido México para conocer a Javier Senosiain y viajar a algunas de sus espectaculares casas orgánicas!!!! Hoy he estado buceando por su web y me parece sin duda el Antti Lovag o el Pascal Haüsermann mexicano!!! 


"La casa orgánica nace de la idea de crear un espacio adaptado al hombre, de acuerdo a sus necesidades ambientales, físicas y psicológicas.

A su origen en la naturaleza y sus antecedentes históricos, con el fin de buscar espacios semejantes al claustro materno, a los refugios de los animales, al del hombre que en un principio adoptó las cavernas sin modificar su medio, al iglú, a todos los espacios acogedores; cóncavos como los brazos de la madre que acurrucan al niño; espacios continuos, amplios, integrales, liberadores de luces y formas cambiantes que sigan el ritmo natural de los movimientos del hombre; espacios en donde el mobiliario integrado facilite la circulación y aproveche gran parte del área."



Aquí dejo algunas de sus casas y proyectos (todos ellos construidos) pero échale un ojo a su web si quieres flipar (y procastinar un poco la tarde del sábado):













SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (III)

Avances científicos y los viajes a extraños lugares

A partir del siglo XVII, los avances científicos en el campo de la biología y la astronomía, derivados del auge de las matemáticas, comienzan a fructificar a través de dos vertientes principales: las analogías animales como “metáfora” de un futuro perfeccionamiento de la especie humana, ya existente desde la antigüedad como herramienta para generar seres míticos o apocalípticos, y la exploración de nuevos lugares.

 Las analogías animales aparecen en nuevas visiones del futuro como experimentos de antropología social a través de la metamorfosis de hombres y animales como en “Blazing World”[1] (1666) de la duquesa de Newcastle, o nuevas razas como los severambi de “The Isle of Pines” (1667) de Henry Neville o los Houyhnhnms de “Gulliver’s Travels” (1726) de Johnatan Swift, desembocando en la capacidad explicita del hombre para autogenerarse, como narra en “Frankenstein” (1818) Mary Shelley, inicio para muchos de la novela de ciencia ficción.

 Por otro lado, la exploración de nuevos lugares presenta dos ejes iniciales de acción, la aceptación de la teoría heilocéntrica de Copérnico (1543) y la imaginación de la parte no vista de la Luna por parte de Kepler en “Somnium” (1630). A pesar de que relatos anteriores como “Historia Verdadera” (180 d.C) de Luciano ya habían especulado con tales iniciativas, ambos escritos hacen que el astro vecino comience a ser considerado como un posible “enclave utópico” sobre el que generar toda clase de nuevas sociedades. Así es como ocurre en el texto sobre el joven español Domingo González “The Man in the Moon” (1620) escrito por el obispo inglés John Godwin de Hereford. Por otro lado destaca la aparición de “Mathematicall Magick” (1648) del también obispo Wilkins, por el cual la magia se convierte en tecnología al posibilitar entre otras cosas la existencia de colonias humanas bajo el mar.

 Ambos posicionamientos favorecen la aparición de infinidad de fantasías tecnológicas entre las que destacan las postuladas en “L’Autre Monde” (1657) por Savinien de Cyrano de Bergerac, dónde el autor describe una gran cantidad de máquinas volantes, viviendas móviles e incluso libros que pueden escucharse, en lo que podría ser una acertada predicción de los actuales soportes de audio, así como en los anteriormente citados “Viajes de Gulliver”, con ciudades voladoras como Laputa o sistemas de construcción de viviendas a partir de globos aero-estáticos.






[1] CAVENDISH, Margaret: Observation upon Experimental Philosophy to wich is added: The Discription of a New Blazing World. 1666.  
La autora define nuevas especies de hombres- mono que actúan como científicos, hombres-oso como filósofos u hombres-rana políticos.